Vistas de página en total

martes, 26 de agosto de 2025

Embarazo precoz y pobreza un círculo perpetuo


Por Doctor Ramón Ceballo

Cada año, alrededor de 21 millones de adolescentes entre 15 y 19 años en países de ingresos bajos y medianos quedan embarazadas, y cerca de 12 millones de esos embarazos culminan en parto, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Aunque la tasa global de natalidad adolescente ha descendido de 64.5 por cada 1 000 en el año 2000 a 41.3 en 2023, regiones como África Subsahariana (97.9) y América Latina y el Caribe (51.4) siguen liderando las cifras más alarmantes.

Solo en América Latina y el Caribe, 1.6 millones de adolescentes dan a luz cada año, lo que convierte a la región en la segunda con mayor fecundidad adolescente en el mundo, superada únicamente por África Subsahariana. Este fenómeno no es solo un asunto sanitario: es también un problema estructural que alimenta la pobreza y limita el desarrollo humano.

El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) estima que el embarazo adolescente genera en América Latina y el Caribe pérdidas anuales de USD 15.3 mil millones, aproximadamente 1 % del PIB regional. La mayor parte de este costo, un 88.2 %, recae directamente sobre las jóvenes madres en forma de menor educación, empleos precarios y salarios reducidos.

La evidencia es clara: quienes tienen su primer hijo durante la adolescencia alcanzan niveles de escolaridad más bajos y, al incorporarse al mercado laboral, pueden llegar a ganar hasta tres veces menos que las mujeres que retrasaron la maternidad. La consecuencia inmediata es la transmisión de la pobreza de una generación a otra, atrapando a familias enteras en un ciclo difícil de romper.

La República Dominicana se encuentra entre los de mayor tasa de embarazo adolescente en América Latina y el Caribe. Las estadísticas son contundentes:

·         22 % de las jóvenes entre 12 y 19 años ya han estado embarazadas, un 34 % por encima del promedio regional.

·         En 2019, el 20.4 % de las menores de 19 años eran madres, superando la media latinoamericana (18 %).

·         1 de cada 4 mujeres (24 %) tuvo un hijo antes de los 18 años, y casi la mitad (41 %) antes de los 20.

El impacto económico tampoco es menor. En 2018, el embarazo adolescente representó USD 245 millones en pérdidas (RD$12,151 millones), equivalentes al 0.29 % del PIB nacional. De ese monto, más de la mitad correspondió a pérdidas educativas, confirmando que la maternidad temprana empuja a miles de adolescentes a abandonar la escuela, reduciendo ingresos futuros y las contribuciones fiscales al Estado.

Entre la pobreza y la falta de derechos, el embarazo precoz en la República Dominicana no se explica solo por la falta de acceso a anticonceptivos o educación sexual. También se sostiene en un entramado cultural y legal que normaliza el matrimonio infantil, tolera la violencia de género y mantiene criminalizado el aborto en todas sus causales.

De acuerdo con Human Rights Watch, esta combinación de factores coloca a las adolescentes en un estado de vulnerabilidad extrema: un 20.5 % queda embarazada sin acceso adecuado a métodos anticonceptivos, muchas veces forzadas a enfrentar abortos clandestinos e inseguros que ponen en riesgo sus vidas.

Organizaciones comunitarias como CONAMUCA intentan revertir esta realidad a través de clubes juveniles que brindan educación sexual, refuerzan la autoestima y promueven los derechos reproductivos en comunidades rurales. Sin embargo, sus esfuerzos resultan insuficientes frente a un Estado que continúa relegando la prevención y la protección de la niñez.

Romper el círculo es una deuda pendiente, porque, la relación entre embarazo precoz y pobreza es simbiótica y devastadora, la falta de oportunidades y educación conduce a la maternidad temprana, que a su vez profundiza la pobreza intergeneracional.

La salida existe y está probada. Países como Argentina redujeron la tasa de embarazo adolescente del 13.1 % en 2010 al 6.4 % en 2022 gracias a políticas públicas enfocadas en educación sexual integral, distribución de anticonceptivos y programas de acompañamiento escolar.

Invertir en prevención no solo es una obligación ética, sino también una estrategia económica inteligente: por cada dólar invertido en salud sexual y reproductiva, el retorno puede variar entre USD 15 y USD 40, dependiendo del país.

El  Estado dominicano necesita con urgencia una respuesta integral,  porque no se trata solo de un problema de salud pública, sino de justicia social. Mientras el embarazo precoz siga atado a la pobreza, el país continuará hipotecando el futuro de miles de niñas y condenando a nuevas generaciones a repetir el mismo círculo de exclusión, por lo tanto la política debe incluir,  entre otras acciones:

·         Garantizar educación sexual integral en escuelas y comunidades.

·         Asegurar acceso gratuito a métodos anticonceptivos modernos.

·         Despenalizar el aborto, al menos en las tres causales.

·         Proteger a las adolescentes de matrimonios forzados y violencia sexual.

·         Crear políticas que permitan a las jóvenes madres continuar sus estudios.