Quiero plantear hoy una discusión que considero fundamental para la sociedad dominicana:
¿De quién es realmente el dinero acumulado en los fondos de pensiones?
Es el dinero de los trabajadores. Es parte del salario que millones de dominicanos sacrifican hoy, obligatoriamente, pensando en tener una seguridad económica cuando llegue la vejez.
Pero aquí aparece una contradicción que debemos discutir.
Imaginemos a una trabajadora. Después de muchos años de trabajo, tiene cuatro millones de pesos acumulados en su fondo de pensiones.
Un día pierde su empleo. Se enferma. Ya no puede trabajar y tiene una familia que mantener.
Ella podría decir:
"Tengo cuatro millones de pesos ahorrados. No estoy pidiendo un regalo. Necesito disponer de una parte de mi propio dinero porque estoy atravesando una situación extraordinaria."
Y la respuesta del sistema sería:
"No. Ese dinero está destinado a su pensión."
Y quiero dejar algo claro: no estoy proponiendo que los trabajadores puedan retirar libremente sus fondos cada vez que tengan una dificultad. Eso podría poner en peligro el propósito fundamental del sistema previsional.
Pero entonces surge una pregunta inevitable:
Si el dinero está demasiado protegido para que ella pueda utilizarlo cuando está enferma, desempleada o enfrenta una emergencia familiar, ¿por qué ese mismo dinero sí puede ser colocado en inversiones empresariales que implican determinados riesgos?
Ahí está el verdadero debate.
Porque al trabajador se le dice:
"Su dinero no está disponible porque tenemos que protegerlo para su futuro."
Pero ese patrimonio puede ser canalizado hacia instrumentos financieros, fideicomisos, proyectos inmobiliarios, emisiones de empresas y otras actividades de inversión.
Entonces tenemos que preguntar:
¿Quién decide dónde se coloca ese dinero?
¿Con qué criterios?
¿Qué riesgos se están asumiendo?
¿Qué garantías existen?
¿Quién responde si una inversión fracasa?
Y, sobre todo:
¿El trabajador sabe realmente dónde está invertido su dinero?
El trabajador no escogió libremente entrar al sistema. Su aporte es obligatorio.
Por eso existe una diferencia fundamental entre un inversionista privado que voluntariamente coloca su dinero en una empresa y un trabajador cuyos recursos son administrados dentro de un sistema previsional obligatorio.
























