Por el Dr. Ramón Ceballo
En las aulas dominicanas ocurren situaciones que no siempre se reflejan en las calificaciones ni en los informes disciplinarios. Detrás de un estudiante que pierde el interés por aprender, una niña que llora con frecuencia o un adolescente que responde con agresividad, puede existir una dificultad emocional que necesita atención.
No toda conducta problemática constituye un trastorno mental, pero tampoco debe interpretarse automáticamente como indisciplina.













