Por Dr. Ramón Ceballo
Las guerras suelen analizarse a partir de sus consecuencias políticas, territoriales o económicas. Sin embargo, uno de los daños más profundos y duraderos ocurre en la mente humana.
Los conflictos
armados no solo destruyen ciudades e infraestructuras; también dejan cicatrices
psicológicas que pueden acompañar a las personas durante décadas e incluso
transmitirse entre generaciones.









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