Por Doctor Ramón Ceballo
Es importante diferenciar dos fenómenos que suelen confundirse, la identidad therian y la zoantropía clínica. Aunque ambos pueden implicar una identificación con animales.
La identidad es el conjunto de características, valores, creencias, experiencias y percepciones mediante las cuales una persona se reconoce a sí misma y es reconocida por los demás. Mientras que la zoantropía es un fenómeno psiquiátrico poco frecuente en el cual una persona cree de manera firme y persistente que se ha transformado en un animal
Los Therians corresponden a una vivencia simbólica o cultural en la que la persona mantiene pleno juicio de realidad, mientras que la Zoantropia es un fenómeno delirante poco frecuente asociado a trastornos psicóticos, caracterizado por la creencia firme e inquebrantable de haberse transformado en un animal.
En las últimas semanas, el debate sobre jóvenes que se identifican simbólicamente con animales ha generado inquietud, opiniones encontradas y no poca desinformación. En redes sociales y espacios públicos se mezclan juicios morales con afirmaciones clínicas, como si toda expresión identitaria distinta fuera necesariamente un trastorno mental.
Sin embargo, desde la psiquiatría, la pregunta fundamental no es si la
conducta resulta extraña o novedosa, sino si existe o no una ruptura del juicio
de realidad. Esa distinción es la que permite separar una expresión cultural de
un verdadero cuadro psicopatológico.
En este contexto, es importante diferenciar dos
fenómenos que suelen confundirse, la identidad therian y la zoantropía clínica.
Aunque superficialmente pueden parecer similares, ambos vinculados a la
identificación con animales, desde el punto de vista psiquiátrico pertenecen a
categorías completamente distintas. La primera se inscribe en el ámbito de las
construcciones simbólicas o culturales; la segunda corresponde a un fenómeno
delirante poco frecuente asociado a trastornos psicóticos mayores.
La zoantropía clínica es un fenómeno psiquiátrico
extremadamente raro. Consiste en la creencia firme y persistente de haberse
transformado en un animal o estar en proceso de hacerlo. No se trata de una
metáfora ni de una expresión simbólica, sino de una convicción sostenida
incluso frente a evidencia contraria.
El Manual
Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5-TR)
define el delirio como una creencia fija que no es susceptible de cambio a la
luz de pruebas contradictorias (American Psychiatric Association, 2022).
Este tipo de manifestación suele aparecer dentro de trastornos psicóticos mayores, como la esquizofrenia, el trastorno bipolar con características psicóticas o episodios depresivos graves con síntomas psicóticos.
El rasgo central es la pérdida del juicio de realidad. El paciente
no reconoce la imposibilidad biológica de la transformación y puede adoptar
conductas coherentes con su creencia delirante. En estos casos, la intervención
psiquiátrica es imprescindible.
En contraste, las personas que se identifican como therians describen una conexión psicológica, simbólica o espiritual con un animal, pero conservan plenamente el juicio de realidad. Reconocen su condición humana desde el punto de vista biológico y no sostienen una creencia delirante de transformación física.
Esta identidad no aparece clasificada como trastorno
mental en el DSM-5-TR (American Psychiatric Association, 2022).Los therians se
caracterizan por tener una crisis de identidad, con muy baja autoestima.
Desde la psicología del desarrollo, la adolescencia es
una etapa caracterizada por la exploración identitaria y la búsqueda de
pertenencia, proceso descrito por Erik Erikson como parte del conflicto entre
identidad y confusión de roles (Erikson, 1968).
El fenómeno que hoy observamos en ciertos sectores
juveniles nos obliga a ir más profundo, no se trata solo de una palabra, sino
de una señal cultural que merece análisis serio. Desde una perspectiva clínica,
es necesario establecer algo con claridad, imitar animales o adoptar una
identidad simbólica no constituye en sí mismo un trastorno mental.
La neurociencia contemporánea también ha demostrado que durante esta
etapa existe una maduración desigual entre los sistemas emocionales y las áreas
cerebrales responsables de la regulación cognitiva, lo que favorece la
intensidad emocional y la experimentación identitaria (Steinberg, 2014).
Confundir identidad simbólica con psicosis puede
generar dos errores graves: patologizar experiencias culturales que no
constituyen enfermedad o minimizar cuadros psicóticos que sí requieren
tratamiento. La evaluación clínica responsable debe centrarse en la estructura
del pensamiento, el grado de convicción, la flexibilidad cognitiva y el impacto
funcional en la vida de la persona.
En tiempos donde la inmediatez digital tiende a
simplificarlo todo, la salud mental exige prudencia y conocimiento. No todo lo
inusual es patológico, pero tampoco todo puede trivializarse como simple moda.
La responsabilidad de los profesionales, de los medios y de la sociedad es
evitar tanto el estigma como la indiferencia clínica.
Diferenciar cultura de psicosis no es un ejercicio académico distante:
es una obligación ética que protege la dignidad de las personas y la seriedad
de la medicina. En salud mental, la precisión no es un lujo; es una necesidad
social.
