Por Doctor Ramón Ceballo
En la República Dominicana, el aumento sostenido de los divorcios en las últimas décadas ha transformado de manera significativa la estructura familiar.
Datos oficiales recientes muestran que una proporción considerable de matrimonios termina en separación legal, situando al país entre los de mayor tasa relativa de divorcio en la región.
Sin embargo, más allá de las cifras, el verdadero desafío no es cuántas parejas se divorcian, sino cómo se gestionan esas separaciones y qué dinámicas familiares se construyen posteriormente.
No todo divorcio conduce a una familia disfuncional. Existen separaciones manejadas con madurez, acuerdos claros y corresponsabilidad parental que permiten preservar el bienestar emocional de los hijos.
El problema surge cuando el proceso ocurre en medio de conflictos prolongados, resentimientos no resueltos y ausencia de apoyo emocional, generando entornos inestables que pueden afectar el desarrollo infantil incluso años después de la ruptura legal.
El divorcio es una de las transiciones familiares más complejas que puede experimentar un niño. Aunque la ruptura de la relación entre los padres no siempre provoca daño emocional, el proceso y sus consecuencias pueden influir de forma importante en el desarrollo psicológico infantil cuando no se maneja con cuidado, respeto y apoyo adecuado.
La literatura científica ha identificado patrones comunes en niños que atraviesan la separación parental. Estudios longitudinales muestran que, en comparación con hijos de familias no divorciadas, pueden presentar mayores niveles de estrés, ansiedad y dificultades emocionales a corto y mediano plazo.Los efectos varían según la edad. En la niñez temprana pueden aparecer regresiones en el lenguaje,
alteraciones del sueño o ansiedad por separación (Hetherington, 2003). En la
adolescencia son más frecuentes los sentimientos de abandono, conductas de
riesgo o conflictos de identidad. Sin embargo, muchos niños muestran buena
adaptación cuando cuentan con apoyo emocional estable.
El divorcio implica varios factores estresantes. El
cambio en la estructura familiar, como mudanzas, separación física de uno de
los padres o nuevas figuras parentales, puede generar inseguridad. Otro
elemento clave es el conflicto entre los padres. La evidencia indica que no es
la separación lo más perjudicial, sino la exposición constante a discusiones
intensas (Kelly y Emery, 2003). Algunos niños experimentan sensación de
pérdida, interpretando la ruptura como rechazo personal, afectando autoestima y
confianza relacional.
Entre los efectos
más reportados se encuentran mayor riesgo de ansiedad y depresión, dificultades
conductuales, problemas escolares, irritabilidad, agresividad o retraimiento.
También pueden aparecer temores para formar vínculos afectivos profundos por
miedo al abandono. Sin embargo, muchos niños no presentan consecuencias
negativas permanentes. El impacto depende de la forma en que se maneje la
transición, del apoyo emocional disponible y del nivel de cooperación parental.
Para reducir riesgos, es fundamental un enfoque
protector. Primero, mantener comunicación abierta y acorde a la edad,
explicando la situación con honestidad y calma. Segundo, conservar rutinas
estables que aporten seguridad. Tercero, ofrecer apoyo emocional constante y
respeto entre los padres, favoreciendo adaptación infantil. Cuando existen
señales persistentes de angustia, como aislamiento o cambios del sueño, es
recomendable buscar ayuda profesional en salud mental infantil.
El
divorcio es un evento significativo en la vida infantil, pero no define el
futuro emocional. La comunicación clara, el apoyo afectivo y la reducción del
conflicto parental pueden disminuir el impacto y favorecer un desarrollo
psicológico saludable. Comprender estas dinámicas y actuar de forma preventiva
fortalece la resiliencia, una habilidad esencial para la vida adulta.
Promover entornos seguros y relaciones familiares respetuosas permite
que los niños construyan autoestima sólida y confianza social. El
acompañamiento temprano facilita procesos de adaptación emocional positivos y
previene dificultades psicológicas futuras, favoreciendo bienestar integral
durante su desarrollo.
