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martes, 3 de marzo de 2026

Ponencia en el Panel: El Concepto de Gobierno en el Pensamiento del Dr José Francisco Peña Gómez

Doctor Ramón Ceballo 

Muy buenas tardes.

Quiero iniciar agradeciendo la invitación a esta actividad académica en la Biblioteca Pedro Mir, un espacio que simboliza el pensamiento, la memoria histórica y la construcción del conocimiento nacional, dentro de nuestra Universidad Autónoma de Santo Domingo.

Saludo de manera especial a los distinguidos conferencistas que hoy comparten este escenario, a las autoridades universitarias, a los estudiantes, investigadores, dirigentes sociales y a todos los presentes que mantienen viva la discusión democrática en nuestro país.

Señoras y señores:

Hablar de José Francisco Peña Gómez es referirse a una de las figuras más intensas, apasionadas y trascendentes de la democracia dominicana.

Surgido de los estratos más humildes, marcado por la pobreza y la exclusión social, convirtió esa realidad en la fuerza que moldeó su sensibilidad y su compromiso público, hasta proyectarse como una de las personalidades más influyentes de América Latina.

Su grandeza residió tanto en su liderazgo como en la profundidad de su pensamiento. Su vida política estuvo orientada a transformar la sociedad dominicana, convencido de que la democracia significa conquistar el poder para ponerlo al servicio de la gente.

En los Evangelios encontró en Jesús de Nazaret un referente moral que lo llevó a asumir la justicia como valor esencial y a orientar su acción hacia la defensa de los más vulnerables.

Asimismo, halló una influencia decisiva en la encíclica Rerum Novarum, promulgada por León XIII, donde encontró fundamentos para sostener la justicia social, la solidaridad, la dignidad humana y la responsabilidad moral frente a la pobreza como ejes permanentes de su vida pública.

Su pensamiento, así, trascendió lo estrictamente religioso y se proyectó hacia una concepción social y política comprometida con la equidad y la transformación democrática.

Un momento decisivo en la madurez política de José Francisco Peña Gómez fue la crisis dominicana de los años sesenta. El asesinato del dictador Rafael Leónidas Trujillo, el gobierno constitucional de Juan Bosch y, posteriormente, la Guerra de Abril de 1965 marcaron de manera profunda y definitiva su visión política.

En aquel contexto crítico, Peña Gómez emergió como una de las voces más firmes del constitucionalismo dominicano, defendiendo con determinación el derecho del pueblo a decidir su propio destino.

Desde entonces dejó establecido un principio esencial que atravesó todo su pensamiento político: sin soberanía, no puede existir democracia verdadera.

También se nutrió de las corrientes transformadoras que recorrían América Latina en su tiempo; entre ellas, el Nacionalismo Revolucionario impulsado por Víctor Raúl Haya de la Torre, que proponía reformas profundas dentro del marco constitucional y rechazaba la ruptura del orden democrático.

De esa influencia surgió una de sus propuestas políticas más ambiciosas: la Revolución Democrática Nacional, concebida como un proceso de transformación estructural por vías institucionales.

Sin embargo, fue en el Socialismo Democrático donde fortaleció su pensamiento y formuló su tesis política más acabada, el Gobierno Compartido, vigente aún hoy: una democracia con justicia social, sustentada en la participación ciudadana, la equidad económica, la responsabilidad ética, la soberanía nacional y el respeto irrestricto a la dignidad humana como valores fundamentales del orden democrático.

José Francisco Peña Gómez comprendió una verdad esencial: ningún proyecto democrático puede sobrevivir en aislamiento. La democracia, para sostenerse y consolidarse, necesita vínculos, legitimidad y respaldo en el ámbito internacional.

Por esa razón impulsó la proyección exterior del Partido Revolucionario Dominicano, promoviendo su integración a la Internacional Socialista y estableciendo alianzas estratégicas con sectores liberales de los Estados Unidos.

No se trataba de dependencia, sino de integración inteligente y acompañamiento político en un mundo marcado por fuertes tensiones ideológicas.

Peña Gómez entendía que los cambios profundos no se logran desde el aislamiento, sino desde la articulación de fuerzas sociales y políticas capaces de construir mayorías democráticas. Por ello promovió acuerdos y alianzas nacionales que fortalecieran la gobernabilidad y evitaran la fragmentación.

Para él, el poder no debía ejercerse para dividir, sino para integrar.

Y lo resumía en una frase que definía su concepción del Estado:

Gobernar no es imponer.
Gobernar es concertar.

En la década de los noventa, José Francisco Peña Gómez sintetizó su visión política de Socialismo Democrático, en una consigna que se convirtió en emblema de su pensamiento: Primero la gente.

Una frase sencilla, pero profundamente transformadora, que aún hoy resume la esencia de la democracia como servicio público.

 Para él, el crecimiento económico por sí solo no bastaba; el verdadero desarrollo debía medirse por la calidad de vida de la población, por las oportunidades reales y por la dignidad alcanzada.

Su pensamiento avanzado le permitió concebir una sociedad inclusiva, donde hombres y mujeres participaran en igualdad de condiciones en la vida política y social.

No concebía a la mujer como un rol secundario ni como una figura simbólica, sino como un ser pleno de derechos, libertades y capacidad de decisión.

Para Peña Gómez, la democracia no podía consolidarse sin la participación activa de la mujer en los espacios de poder y en la construcción del destino nacional.

Su pensamiento político puede sintetizarse en tres grandes pilares:
Primero, la defensa firme de la soberanía y la democracia;
Segundo, la construcción de alianzas internacionales que protegieran el proyecto democrático; y
Tercero, la articulación de mayorías sociales y políticas capaces de conquistar el poder por la vía electoral. Su propuesta buscaba transformar la sociedad sin destruir la democracia, reformar sin imponer, avanzar sin excluir.

Pero más allá de la profundidad de sus ideas, lo definió su coherencia hasta el último día de su vida.

Para él, la política era servicio, nunca privilegio ni acumulación de poder. Su concepto de gobierno estaba centrado en un principio esencial: la dignidad humana.

Hoy, cuando la democracia enfrenta desafíos como la corrupción, la impunidad y la peligrosa tendencia de convertir el Estado en botín, su pensamiento vuelve a interpelarnos.

Nos obliga a preguntarnos: ¿Qué significa hoy la democracia?, ¿a quién sirve realmente el poder?, ¿Cuál es nuestra responsabilidad en la construcción del futuro?

Hoy su mensaje sigue vigente porque:

Gobernar no es dominar.
Es servir.

No es excluir.
Es integrar.

No es prometer.
Es realizar.

Y, sobre todo,
gobernar es dignificar.

El apóstol del pensamiento democrático en Latino América. Se marchó y lo peor es que sus partidos y sus dirigentes no han estado a la altura de su legado histórico.

José Francisco no ha muerto… Cuando tengan dudas miren la imagen de José Francisco. Porque Su muerte lo ha hecho inmortal…Como dijo Tomas Borges.