Por Doctor Ramón Ceballo
Hablar del
doctor José Francisco Peña Gómez es adentrarse en una de las
construcciones doctrinales más sólidas de la democracia dominicana
contemporánea. Su trayectoria política no puede entenderse únicamente como una
carrera electoral.
Fue, ante todo, la edificación de un proyecto de transformación democrática que combinó nacionalismo, socialdemocracia y pragmatismo político para conquistar el poder por la vía institucional.
Peña Gómez
vino de los estratos sociales más humildes de la sociedad dominicana y se
convirtió en una de las principales figuras políticas de su tiempo. Su
pensamiento se estructuró alrededor de la Revolución Democrática Nacional, con
influencias del nacionalismo revolucionario impulsado por Víctor Raúl Haya
de la Torre, propuesta que rechazaba la vía armada y apostaba por reformas
profundas dentro del marco constitucional y se consolidó con el Socialismo Democrático.
En una
América Latina marcada por dictaduras militares y por la polarización
ideológica de la Guerra Fría, defendió una idea audaz: transformar sin destruir
el orden democrático; avanzar sin aislar al país del sistema internacional y
fortalecer el movimiento democrático de América Latina.
I. 1965: Soberanía y legitimidad democrática
El asesinato
de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, la victoria electoral del
PRD, el gobierno constitucional de Juan Bosch y la Guerra de Abril de
1965 marcaron el punto de maduración política de su pensamiento.
Tras el
intento de restituir al presidente Bosch, la intervención militar ordenada por Lyndon
B. Johnson colocó a la nación en una profunda crisis de soberanía.
Peña Gómez
emergió como una de las voces civiles más firmes del constitucionalismo. Desde
la radio defendió la legitimidad democrática del movimiento y denunció la
intervención extranjera como una violación al derecho del pueblo dominicano a
decidir su destino.
Allí se
consolidó una constante en su pensamiento: sin soberanía, no puede existir
democracia auténtica.
II. Inserción internacional: realismo estratégico
Peña Gómez comprendió que ningún proyecto democrático podía sostenerse de manera aislada en un mundo marcado por la polarización ideológica de la Guerra Fría. En ese contexto, a partir de la octava convención del Partido Revolucionario Dominicano, impulsó la proyección internacional de la organización, promoviendo su integración a la Internacional Socialista y el fortalecimiento de vínculos con sectores liberales y democráticos en Estados Unidos y otros espacios internacionales.
Su objetivo era consolidar alianzas estratégicas que respaldaran la defensa de la democracia, la justicia social y la institucionalidad en la República Dominicana. No se trataba de subordinación ideológica, sino de blindaje político. Su objetivo era impedir que el la corriente liberal dominicana fuera etiquetada como extremista y crear condiciones internacionales favorables para la alternancia democrática.
III. Estrategia de alianzas: mayoría social y
gobernabilidad
Consciente
de que ningún partido podía desmontar por sí solo estructuras de poder
heredadas desde la dictadura y prolongadas durante los gobiernos de Joaquín
Balaguer, promovió amplias alianzas sociales y políticas.
Entre las alianzas políticas alcanzadas, destacan los acuerdos nacionales suscritos en Santiago de los Caballeros y Santo Domingo, concebidos para unificar las fuerzas democráticas, evitar la dispersión del voto y construir mayorías políticas con capacidad real de garantizar la gobernabilidad.
Más que pactos coyunturales, estos acuerdos representaban mecanismos estratégicos para articular un bloque democrático-popular, orientado a sostener la estabilidad institucional y viabilizar la alternancia en el poder.
Para Peña
Gómez, gobernar no era imponer, sino concertar.
IV. Gobierno compartido y “Primero la gente”
En los años
noventa sintetizó su visión en la consigna “Primero la gente”,
proponiendo un gobierno compartido y participativo.
Su
concepción de gobierno descansaba en pilares fundamentales:
- Participación y concertación social
- Políticas
públicas reales, no discursos vacíos
- El ser
humano como centro del desarrollo
- Libertad con responsabilidad ética
- Misión
social del Estado y justicia fiscal
- Seguridad
alimentaria como obligación moral del Estado
- Defensa
de la soberanía y autodeterminación nacional
Para él, el
crecimiento económico carecía de sentido si no elevaba la dignidad humana.
Mujer y política: igualdad como requisito del
desarrollo
Un elemento esencial de su pensamiento fue la defensa del papel de la
mujer en la sociedad. Sostenía que la incorporación activa de la mujer en los
espacios de toma de decisiones, en la vida partidaria y en la formulación de
políticas públicas no era una concesión, sino una condición indispensable para
el desarrollo humano y la justicia social.
Entendía que la igualdad de oportunidades, el acceso a la educación, el
empleo digno y la participación política femenina eran pilares para construir
una sociedad verdaderamente democrática.
V. Síntesis doctrinal: poder para democratizar
Su
pensamiento combinó tres dimensiones estratégicas:
- Defensa
de la soberanía y la democracia
- Inserción
internacional para proteger el proyecto democrático
- Construcción
de mayorías sociales y políticas para acceder al poder por vía electoral
Su legado
fue doctrinal, político y ético. Demostró que en un país con tradición
autoritaria era posible impulsar transformaciones profundas sin abandonar la
democracia.
Participación Social y Concertación como Base del
Gobierno
Peña Gómez
concebía la gobernabilidad como un proceso pluralista y participativo. Sostenía
que solo un gobierno concertado entre capital privado, sociedad civil y Estado
puede enfrentar crisis estructurales.
Un gobierno
legítimo se construye en diálogo permanente con la sociedad, promoviendo
participación ciudadana real.
De las Palabras a los Hechos: Responsabilidad Pública
y Acción Concreta
Fue crítico
del discurso político vacío. Defendía que la política debía traducirse en
resultados tangibles que mejoraran la vida de la población.
El Ser Humano como Centro del Desarrollo
Afirmaba que el hombre y la mujer son objeto y sujeto
del desarrollo nacional.
El desarrollo no es solo crecimiento económico, sino dignidad, oportunidades e
inclusión social.
Libertad y Responsabilidad Social
Defendía las
libertades civiles, pero dentro de límites éticos que protegieran el bien
común, evitando tanto el autoritarismo como el abuso de la libertad.
Misión Social del Estado y Justicia Fiscal
Consideraba
que el Estado debe garantizar acceso equitativo a:
- Educación
- Salud
- Empleo digno
- Seguridad social
Promovía
sistemas fiscales orientados a mejorar las condiciones de vida del pueblo.
La Obligación Moral de Alimentar al Pueblo
Planteaba
que la seguridad alimentaria es una obligación ética del Estado.
El poder solo tiene sentido si protege la vida y la dignidad humana.
Autodeterminación de los Pueblos y Soberanía Popular
Defendía que
solo los pueblos pueden decidir su sistema político y su modelo de desarrollo,
rechazando imposiciones externas.
El fortalecimiento y la descentralización de las alcaldías formaron parte de la visión democrática impulsada por José Francisco Peña Gómez, quien concebía el poder local como un pilar esencial para profundizar la democracia en la República Dominicana.
Peña Gómez fue un promotor de importantes iniciativas legislativas orientadas a fortalecer la institucionalidad democrática y modernizar el Estado en la República Dominicana. Su visión política impulsaba la construcción de un marco jurídico capaz de garantizar derechos ciudadanos, fortalecer la transparencia pública, consolidar el sistema electoral y promover un Estado más cercano a las necesidades sociales, como base para un desarrollo democrático sostenible.
Conclusión: Democracia al servicio de la dignidad
humana
José Francisco Peña Gómez fue un líder profundamente desprendido, y coherente, cuya vocación de servicio estuvo siempre por encima de cualquier ambición personal. Su vida política no se orientó a la acumulación de poder ni de privilegios, sino a la defensa de la democracia, la justicia social y la dignidad de los demás.
El concepto
de gobierno en el pensamiento de Peña Gómez trasciende la administración del
poder. Es una propuesta de democracia centrada en la dignidad humana, la
justicia social, la participación activa y la responsabilidad ética del Estado.
Su proyecto
buscaba algo profundamente transformador: conquistar el poder para
democratizarlo y ponerlo al servicio de la gente.
El pensamiento político de José Francisco Peña Gómez se orientó a articular la libertad con responsabilidad social, la igualdad de oportunidades, la justicia fiscal, la concertación social y la autodeterminación de los pueblos, manteniendo plena vigencia para el análisis contemporáneo en América Latina.
Al integrar dimensiones éticas, sociales y políticas, su obra reivindica los valores esenciales de una democracia auténtica y solidaria, trascendiendo su tiempo y ofreciendo claves interpretativas valiosas para enfrentar los desafíos del presente.
Gobernar no
es dominar, es servir.
No es excluir, es integrar.
No es prometer, es realizar.
Y, sobre todo, gobernar es
dignificar.
Hoy, cuando la democracia enfrenta desafíos marcados por la corrupción, la impunidad y la peligrosa tendencia de ver el Estado como un botín, el pensamiento de José Francisco Peña Gómez sigue interpelando a la República Dominicana. Reflexionar sobre su legado no es un ejercicio del pasado, sino una responsabilidad del presente: preguntarnos qué significa hoy la democracia y qué papel asumimos en la construcción del futuro.
Nos corresponde fortalecer las instituciones, enfrentar la corrupción y la impunidad, rechazar la apropiación del Estado por intereses particulares, trabajar para reducir las desigualdades y defender la dignidad humana como principio rector de la vida pública.
