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jueves, 16 de octubre de 2025

El PRM y la sombra del narcotráfico, entre la negación y la complicidad silenciosa

 


Por Ramón Ceballo

El partido que prometió el cambio enfrenta el reto más serio a su credibilidad: los vínculos de sus dirigentes con el narcotráfico y la falta de un deslinde político y ético frente al crimen organizado.

El Partido Revolucionario Moderno (PRM), nació como una alternativa ética frente al deterioro del sistema político partidario dominicano, atraviesa una profunda crisis de legitimidad. 

Los reiterados casos de dirigentes y funcionarios vinculados a redes del narcotráfico han erosionado su discurso de cambio y puesto en duda su compromiso con la transparencia.

Desde 2020, las investigaciones contra alcaldes, diputados y aspirantes del PRM por tráfico de drogas, lavado de activos y vínculos con estructuras criminales internacionales han dejado al descubierto una preocupante realidad, la penetración del dinero ilícito en la política dominicana no distingue colores partidarios. 

Sin embargo, lo que agrava la situación es la respuesta institucional del propio partido, el silencio, la evasión y la ausencia de autocrítica.

La dirección del PRM ha optado por reducir estos hechos a “responsabilidades individuales”, eludiendo toda reflexión sobre sus causas estructurales. 

Esta postura contradice la esencia de un partido que se presentó como garante de la ética pública. 

No basta con esperar decisiones judiciales; se requiere voluntad política para depurar las estructuras internas y establecer controles éticos reales que eviten la repetición de estos escándalos.

En medio de este contexto, el presidente Luis Abinader ha mostrado una postura firme. Ha defendido la independencia del Ministerio Público y ha permitido investigaciones que alcanzan incluso a figuras de su entorno político, rompiendo con una tradición de encubrimiento. 

Su actuación refleja la voluntad de enfrentar el narcotráfico como un desafío de Estado. 

Sin embargo, su liderazgo se ve debilitado por la falta de compromiso ético de la base partidaria que lo sustenta, lo que genera una brecha entre el discurso presidencial y la conducta institucional del PRM.

El problema no se reduce a casos aislados, revela una falla estructural en el sistema político dominicano, donde el financiamiento irregular, el clientelismo y la impunidad permiten que el crimen organizado se disfrace de poder local.

 Si el PRM no actúa con transparencia y valentía moral, terminará reproduciendo los mismos vicios que dijo combatir.

El narcotráfico no solo corrompe las instituciones; corroe la esperanza. Y en política, cuando la ética se debilita, la democracia pierde su alma. 

El PRM aún está a tiempo de rectificar, pero el silencio no puede seguir siendo su respuesta.

Porque quien calla ante el crimen no gobierna, apenas administra la sombra del poder.