Por Doctor Ramón Ceballo
La disminución de los matrimonios y la inestabilidad en las
relaciones de pareja es un fenómeno global que responde a múltiples causas
sociales, económicas, culturales y psicológicas. Te resumo los principales
factores que explican por qué hoy las uniones matrimoniales son menos
frecuentes, menos estables y menos duraderas:
En las últimas décadas, las relaciones de pareja y, en particular, los matrimonios, han experimentado un cambio profundo, han dejado de ser un compromiso “para toda la vida” y se han transformado en acuerdos flexibles, marcados por nuevas expectativas, desafíos y libertades individuales.
Lo que antes estaba sostenido por normas religiosas, presiones sociales
y roles rígidos de género, hoy es percibido como una opción más dentro de una
diversidad de estilos de vida afectivos.
. Este fenómeno no puede explicarse con una
sola causa. Se trata de un entramado complejo de factores sociales, económicos,
culturales y psicológicos que han modificado la manera en que hombres y mujeres
conciben las relaciones afectivas.
Uno de los fenómenos más representativos de esta transformación es el auge del llamado “amigo/a con derecho”: una relación sin compromiso formal que ofrece compañía, intimidad y placer, sin las exigencias de una unión convencional. Lejos de ser una moda pasajera, esta figura revela un cambio estructural en la forma de relacionarse y amar.
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Las cifras no mienten: En países como Estados Unidos,
Europa y América Latina, las tasas de matrimonio disminuyen mientras los
divorcios aumentan.
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En República Dominicana,
esta realidad es evidente. En 2024 se registraron 46,418
matrimonios, una cifra menor que en 2023, mientras que los divorcios
alcanzaron los 27,551, un aumento de 1,637 con respecto al año
anterior.
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Por cada 100 matrimonios, hubo 59.3
divorcios, frente a 55.1 en 2023.
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Entre 2012 y 2024 se celebraron 607,775
matrimonios, de los cuales 295,418 terminaron
en divorcio. Es
decir, casi el 49 % de las uniones no perduran.
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Desde 2021, el índice de divorcio supera el 60
%: 6 de cada 10 matrimonios terminan en
separación.
Esta tendencia revela un cambio profundo: los vínculos
formales pierden fuerza, mientras crecen las rupturas y las relaciones
alternativas.
¿Por qué el matrimonio ya no convence
como antes?
La fragilidad actual de las relaciones formales
responde a múltiples causas:
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Autonomía
personal: El acceso a la educación y al trabajo, sobre todo
entre mujeres, ha reducido la dependencia económica que antes reforzaba el
matrimonio como necesidad.
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Altas
expectativas emocionales: Hoy se espera que una pareja
brinde crecimiento, estabilidad emocional, apoyo y felicidad. Si esto no se
cumple, la separación no es un tabú, sino una opción razonable.
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Menor
presión social: El divorcio ha perdido su estigma. Es legalmente más
sencillo y socialmente aceptado.
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Deseo
de equidad: Las relaciones actuales exigen corresponsabilidad en
el hogar, en la crianza y en la economía. La
falta de equilibrio genera frustración.
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Secuelas
de la pandemia: La crisis sanitaria de 2020 interrumpió ceremonias,
pero también reconfiguró la vida doméstica. Tras ese periodo, aumentaron las
rupturas mientras los matrimonios aún no se recuperan.
La figura del “amigo con derecho” la nueva forma de amar o el miedo al compromiso, representa un síntoma cultural, las personas quieren cercanía, conexión e intimidad, pero sin las cargas de una relación formal. Este modelo informal, en muchos casos, cumple funciones que antes solo se encontraban en el matrimonio, compañía, afecto, placer sexual y apoyo emocional.
Esto ha generado una normalización de
vínculos no convencionales, donde las reglas son más difusas y
las salidas, más fáciles. Sin embargo, también introduce ambigüedad
emocional: uno puede disfrutar de la libertad, pero sentirse
inseguro sobre el futuro de la relación.
El sociólogo Zygmunt Bauman definió
este fenómeno como “amor líquido”: relaciones formadas con rapidez y disueltas
con la misma facilidad. En este contexto, comprometerse parece riesgoso, mientras
que vincularse sin etiquetas se percibe como una forma más segura de amar.
El “amigo con derecho” encaja perfectamente en esta
lógica. Proporciona cercanía sin sacrificios y placer sin responsabilidad, pero
muchas veces a costa de la profundidad emocional o la estabilidad afectiva.
No se trata de juzgar ni de idealizar ninguna forma de vínculo. La
disminución del matrimonio no representa el fin del amor, sino su
transformación. Hoy, las nuevas generaciones priorizan la autenticidad, la libertad
y la compatibilidad emocional por encima de los compromisos formales y las
estructuras tradicionales.
El verdadero desafío no radica en preservar una
institución, sino en aprender a construir relaciones emocionalmente saludables,
estables y basadas en la reciprocidad, sin importar el formato que adopten. Lo
que está en crisis no es la necesidad de amar, sino los modelos heredados que
ya no responden a las dinámicas de la vida contemporánea.
La caída de los matrimonios y el aumento de los
divorcios no son simples estadísticas, sino el reflejo de una transformación
cultural profunda. El matrimonio ha dejado de ser una imposición social para
convertirse en una elección consciente, que solo se sostiene cuando aporta
bienestar, crecimiento compartido y estabilidad emocional.
Cuando estas condiciones no se
cumplen, la separación ya no se vive como un fracaso, sino como una salida
legítima.
Lejos de desaparecer, el matrimonio se está
reinventando. Hoy se valora más una relación basada en el respeto, la equidad y
la afinidad emocional que una unión mantenida por obligación o apariencia.
El reto actual no es volver al “para siempre” tradicional, sino aprender
a construir vínculos duraderos desde la libertad, el compromiso genuino y la
corresponsabilidad.
La pregunta ya no es por qué los matrimonios duran
menos, sino cómo pueden evolucionar para responder a
una sociedad en constante cambio, que demanda relaciones más conscientes,
auténticas y justas.
