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lunes, 8 de septiembre de 2025

El auge del amigo con derecho y el declive del matrimonio


Por Doctor Ramón Ceballo

La disminución de los matrimonios y la inestabilidad en las relaciones de pareja es un fenómeno global que responde a múltiples causas sociales, económicas, culturales y psicológicas. Te resumo los principales factores que explican por qué hoy las uniones matrimoniales son menos frecuentes, menos estables y menos duraderas:

En las últimas décadas, las relaciones de pareja y, en particular, los matrimonios, han experimentado un cambio profundo, han dejado de ser un compromiso “para toda la vida” y se han transformado en acuerdos flexibles, marcados por nuevas expectativas, desafíos y libertades individuales.

Lo que antes estaba sostenido por normas religiosas, presiones sociales y roles rígidos de género, hoy es percibido como una opción más dentro de una diversidad de estilos de vida afectivos.

. Este fenómeno no puede explicarse con una sola causa. Se trata de un entramado complejo de factores sociales, económicos, culturales y psicológicos que han modificado la manera en que hombres y mujeres conciben las relaciones afectivas. 

Uno de los fenómenos más representativos de esta transformación es el auge del llamado “amigo/a con derecho”: una relación sin compromiso formal que ofrece compañía, intimidad y placer, sin las exigencias de una unión convencional. Lejos de ser una moda pasajera, esta figura revela un cambio estructural en la forma de relacionarse y amar.

·         Las cifras no mienten: En países como Estados Unidos, Europa y América Latina, las tasas de matrimonio disminuyen mientras los divorcios aumentan.

·         En República Dominicana, esta realidad es evidente. En 2024 se registraron 46,418 matrimonios, una cifra menor que en 2023, mientras que los divorcios alcanzaron los 27,551, un aumento de 1,637 con respecto al año anterior.

·         Por cada 100 matrimonios, hubo 59.3 divorcios, frente a 55.1 en 2023.

·         Entre 2012 y 2024 se celebraron 607,775 matrimonios, de los cuales 295,418 terminaron en divorcio. Es decir, casi el 49 % de las uniones no perduran.

·         Desde 2021, el índice de divorcio supera el 60 %: 6 de cada 10 matrimonios terminan en separación.

Esta tendencia revela un cambio profundo: los vínculos formales pierden fuerza, mientras crecen las rupturas y las relaciones alternativas.

 ¿Por qué el matrimonio ya no convence como antes?

La fragilidad actual de las relaciones formales responde a múltiples causas:

·         Autonomía personal: El acceso a la educación y al trabajo, sobre todo entre mujeres, ha reducido la dependencia económica que antes reforzaba el matrimonio como necesidad.

·         Altas expectativas emocionales: Hoy se espera que una pareja brinde crecimiento, estabilidad emocional, apoyo y felicidad. Si esto no se cumple, la separación no es un tabú, sino una opción razonable.

·         Menor presión social: El divorcio ha perdido su estigma. Es legalmente más sencillo y socialmente aceptado.

·         Deseo de equidad: Las relaciones actuales exigen corresponsabilidad en el hogar, en la crianza y en la economía. La falta de equilibrio genera frustración.

·         Secuelas de la pandemia: La crisis sanitaria de 2020 interrumpió ceremonias, pero también reconfiguró la vida doméstica. Tras ese periodo, aumentaron las rupturas mientras los matrimonios aún no se recuperan.

 La figura del “amigo con derecho” la nueva forma de amar o el miedo al compromiso, representa un síntoma cultural, las personas quieren cercanía, conexión e intimidad, pero sin las cargas de una relación formal. Este modelo informal, en muchos casos, cumple funciones que antes solo se encontraban en el matrimonio, compañía, afecto, placer sexual y apoyo emocional.

Esto ha generado una normalización de vínculos no convencionales, donde las reglas son más difusas y las salidas, más fáciles. Sin embargo, también introduce ambigüedad emocional: uno puede disfrutar de la libertad, pero sentirse inseguro sobre el futuro de la relación.

El sociólogo Zygmunt Bauman definió este fenómeno como “amor líquido”: relaciones formadas con rapidez y disueltas con la misma facilidad. En este contexto, comprometerse parece riesgoso, mientras que vincularse sin etiquetas se percibe como una forma más segura de amar.

El “amigo con derecho” encaja perfectamente en esta lógica. Proporciona cercanía sin sacrificios y placer sin responsabilidad, pero muchas veces a costa de la profundidad emocional o la estabilidad afectiva.

No se trata de juzgar ni de idealizar ninguna forma de vínculo. La disminución del matrimonio no representa el fin del amor, sino su transformación. Hoy, las nuevas generaciones priorizan la autenticidad, la libertad y la compatibilidad emocional por encima de los compromisos formales y las estructuras tradicionales.

El verdadero desafío no radica en preservar una institución, sino en aprender a construir relaciones emocionalmente saludables, estables y basadas en la reciprocidad, sin importar el formato que adopten. Lo que está en crisis no es la necesidad de amar, sino los modelos heredados que ya no responden a las dinámicas de la vida contemporánea.

La caída de los matrimonios y el aumento de los divorcios no son simples estadísticas, sino el reflejo de una transformación cultural profunda. El matrimonio ha dejado de ser una imposición social para convertirse en una elección consciente, que solo se sostiene cuando aporta bienestar, crecimiento compartido y estabilidad emocional.

 Cuando estas condiciones no se cumplen, la separación ya no se vive como un fracaso, sino como una salida legítima.

Lejos de desaparecer, el matrimonio se está reinventando. Hoy se valora más una relación basada en el respeto, la equidad y la afinidad emocional que una unión mantenida por obligación o apariencia.

El reto actual no es volver al “para siempre” tradicional, sino aprender a construir vínculos duraderos desde la libertad, el compromiso genuino y la corresponsabilidad.

La pregunta ya no es por qué los matrimonios duran menos, sino cómo pueden evolucionar para responder a una sociedad en constante cambio, que demanda relaciones más conscientes, auténticas y justas.