Hacia una Democracia Centrada en la Dignidad Humana
Por Doctor Ramon Ceballo
José Francisco Peña Gómez (1937-1998) se erige como
una de las personalidades políticas más influyentes de la República Dominicana
en el siglo XX y un referente de la socialdemocracia en América Latina. Fue
líder del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), tres veces candidato
presidencial y alcalde del Distrito Nacional.
Su trayectoria estuvo marcada por la defensa de la democracia, la justicia social, la participación ciudadana y la dignidad humana, así como por un activismo que trascendió las fronteras nacionales y lo situó como figura relevante dentro de los movimientos socialdemócratas de la región.
La visión de Peña Gómez sobre el gobierno articuló
principios humanistas, democráticos y sociales que buscan equilibrar libertad,
justicia y bienestar social. Para él, el ejercicio
gubernamental debía ir más allá de la mera administración estatal para
convertirse en una fuerza transformadora de la sociedad, capaz de responder no
solo a las necesidades materiales de la población, sino también a sus
aspiraciones de autodeterminación y justicia social.
Participación Social y Concertación como Base del Gobierno
Peña Gómez concebía la gobernabilidad como un proceso
pluralista y participativo. Sostenía que “sólo un gobierno concertado entre
capital privado, sociedad civil y Estado puede sacar al mundo de la crisis de
hoy”, destacando así la necesidad de alianzas estratégicas entre
los distintos actores sociales para enfrentar problemáticas económicas y
políticas profundas.
Esta idea incorpora una visión integradora del ejercicio gubernamental,
en la que la cooperación entre sectores fortalece tanto la legitimidad como la
eficacia del Estado
Para él, un gobierno legítimo no se limita a la
burocracia estatal, sino que se construye en diálogo permanente con la
sociedad, promoviendo la participación activa de ciudadanas y ciudadanos y
estableciendo mecanismos de concertación que articulen pluralismo político y
cohesión social.
De las Palabras a los Hechos: Responsabilidad Pública y Acción Concreta
Peña Gómez fue crítico de los discursos políticos
vacíos que no se traducen en resultados palpables. Su insistencia en la
responsabilidad pragmática del gobierno se resume en la afirmación de que “la
nación está cansada de palabras, discursos, promesas. La nación nos pide ahora
realizaciones y hechos”.
Con esta declaración, subrayó la obligación de transformar las
propuestas en acciones concretas que mejoren la vida de la población.
Esta postura refleja un compromiso con una gestión pública eficaz y
orientada al servicio, en la que los objetivos declarados por los líderes
políticos se conviertan en políticas públicas tangibles y sostenibles.
El Ser Humano como Centro del Desarrollo
El núcleo de la visión de Peña Gómez sobre el gobierno
es claramente antropocéntrico. Al afirmar que “el hombre y la
mujer son el objeto y el sujeto del desarrollo nacional”, colocó a
las personas en el centro del proyecto político y social.
Esta concepción humanista entiende el desarrollo no solo como
crecimiento económico, sino como elevación de la dignidad, la igualdad de
oportunidades y la plena realización de las capacidades humanas, valores que
deben guiar toda política pública.
Libertad y Responsabilidad Social
Si bien Peña Gómez defendía las libertades civiles
como pilares de toda democracia, también sostenía que estas deben ejercerse
dentro de límites éticos que preserven el bien común.
Su reflexión de que “tan dañinos a los pueblos son los
gobiernos autoritarios como los que permiten que se abuse de la libertad”
resalta un equilibrio entre los derechos individuales y las responsabilidades
colectivas, evitando tanto el autoritarismo como el libertinaje y promoviendo
un orden social basado en respeto y justicia.
Misión Social del Estado y Justicia Fiscal
Peña Gómez entendía la función del Estado como garante
del bienestar básico de la población. En su visión, “la misión de todo
gobierno que se precie de defender los derechos de los pueblos debe ser la
satisfacción plena de las necesidades humanas”, lo que implica
priorizar el acceso equitativo a servicios fundamentales como educación, salud,
seguridad y condiciones dignas de empleo.
Esta orientación pone de manifiesto una concepción de la acción
gubernamental profundamente social y comprometida con la equidad.
En la misma línea, destacaba que “todo sistema fiscal justo debe tener
como una de sus metas supremas la mejoría en las condiciones de vida y trabajo
del hombre”, enfatizando la importancia de un enfoque
redistributivo en las políticas económicas que favorezcan la inclusión social y
reduzcan las desigualdades estructurales.
La Obligación Moral de Alimentar al Pueblo
En una poderosa metáfora sobre responsabilidad
estatal, Peña Gómez afirmó que “el primer deber de un padre de
familia es alimentar su familia y la primera obligación de un gobierno es
alimentar a su pueblo”.
Esta expresión sintetiza su enfoque humanista y social, donde la seguridad
alimentaria y las condiciones materiales de vida se elevan a prioridades
políticas fundamentales, articulando el papel del Estado como garante del
bienestar básico de todos los ciudadanos.
Autodeterminación de los Pueblos y Soberanía Popular
Además de su enfoque centrado en la justicia social
interna, Peña Gómez expresó su compromiso con el principio de soberanía popular
y autodeterminación, afirmando que “solo a los pueblos les corresponde la
tarea de elegir su sistema de vida y de gobierno”.
Esta máxima subraya la importancia de que los modelos de organización
política y los sistemas de gobierno surjan de la voluntad libremente expresada
por las comunidades, rechazando imposiciones externas o decisiones tomadas por
élites que no representen a la mayoría.
Conclusión: Un Legado para la Democracia Contemporánea
El legado intelectual de José Francisco Peña Gómez
configura una propuesta de gobierno orientada al servicio de las personas,
centrada en la dignidad humana, la justicia social y la participación democrática.
Su pensamiento político, que articula libertad responsable, igualdad de
oportunidades, justicia fiscal, concertación social y autodeterminación de los
pueblos, sigue siendo relevante para el análisis contemporáneo en América
Latina. Integrando dimensiones éticas, sociales y políticas, su obra reivindica
valores fundamentales de una democracia auténtica y solidaria, trascendiendo su
tiempo y ofreciendo perspectivas útiles para los desafíos actuales.
