Por Dr. Ramón Ceballo
El suicidio constituye una de las expresiones más dramáticas del
sufrimiento humano y uno de los mayores desafíos para la salud pública del
siglo XXI. Cada vida perdida representa una tragedia personal, familiar y
social que, en la mayoría de los casos, pudo prevenirse mediante una
intervención temprana.
Lejos de obedecer a una única causa, este fenómeno surge de la
interacción entre factores biológicos, psicológicos, familiares, económicos y
culturales. Comprender sus determinantes constituye el primer paso para diseñar
políticas públicas eficaces orientadas a preservar la vida.
























