Por Dr. Ramón Ceballo
La reducción en los niveles de
simpatía del Partido Revolucionario Moderno, que distintas mediciones lo
situaban entre un 47 % y un 41 % . En esta
reciete encueta aparece con un31%, lo que representa mucho más que un simple dato
estadístico. Constituye una señal política que la dirigencia oficialista no
debe ignorar. Las encuestas revelan percepciones sociales, estados de ánimo y
tensiones internas que, si no se corrigen a tiempo, pueden transformarse en
desgaste estructural.
Desde hace tiempo he venido escribiendo y comentando sobre la desconexión entre la dirección partidaria y la militancia. Muchos dirigentes de base sienten que han perdido espacios de participación y que las decisiones fundamentales se concentran cada vez más en pequeños núcleos de poder.
Esa percepción genera frustración, distancia y
desencanto dentro de una estructura que nació precisamente defendiendo la
democracia interna y la participación colectiva.
La contradicción resulta evidente.
El PRM surgió cuestionando prácticas excluyentes del pasado y prometiendo
apertura, institucionalidad y respeto a las bases. Sin embargo, sectores
importantes de su dirigencia consideran que hoy predomina una cultura de
acuerdos cerrados, consensos impuestos y limitaciones al derecho de elegir
libremente sus autoridades.
Por eso, el debate sobre la próxima convención adquiere una importancia estratégica. La exigencia de un proceso basado en el voto universal, directo y secreto refleja una demanda de legitimidad y transparencia.
La militancia quiere participar, votar y sentirse
parte activa del futuro de la organización. Cuando las bases perciben intentos
de posposición o maniobras para limitar esa participación, la reacción suele ser
de rechazo y pérdida de confianza.
El desafío para la dirección
encabezada por José Ignacio Paliza y Carolina Mejía no consiste únicamente en
administrar la estructura partidaria. El verdadero reto es reconstruir el
entusiasmo político de quienes sostienen territorialmente al partido. Ninguna
organización se fortalece solo desde el ejercicio del poder; también necesita
cercanía, credibilidad y conexión emocional con sus miembros.
La historia política dominicana demuestra que los partidos gobernantes comienzan a debilitarse cuando dejan de escuchar a su propia base.
El PRM todavía tiene tiempo para rectificar y
reencontrarse con su esencia democrática. Pero debe comprender una verdad
fundamental, ningún partido crece alejándose de quienes lo llevaron al poder.
