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jueves, 2 de abril de 2026

El terrorismo nace del conflicto, la debilidad institucional y las tensiones geopolíticas


Por Dr. Ramón Ceballo

El terrorismo no surge en el vacío. Es el resultado de decisiones políticas, intervenciones militares y estrategias de poder que han convertido regiones enteras en escenarios permanentes de conflicto. Durante décadas, Asia Occidental ha sido laboratorio de estas dinámicas, donde la geopolítica ha pesado más que la estabilidad de los pueblos.

En Irán, la CIA, junto al Reino Unido, derrocó al primer ministro Mohammad Mossadegh por atreverse a nacionalizar el petróleo. En su lugar, impuso la dictadura de Shah Mohammad Reza Pahlavi, sostenida durante años con represión. Ese precedente no solo destruyó un proceso democrático, también sembró el resentimiento que explotó en la Revolución iraní de 1979.

En Afganistán, la lógica fue aún más peligrosa. Para debilitar a la Unión Soviética, Estados Unidos armó y financió a los muyahidines más radicales. Apostó por el extremismo como herramienta táctica. El resultado fue un país devastado, sin Estado funcional, que luego vería surgir a los Talibanes y al yihadismo global.

En Irak, la Invasión de Irak de 2003 se justificó con mentiras sobre armas de destrucción masiva. El verdadero resultado fue la demolición del Estado, la disolución del ejército y un vacío de poder que alimentó la insurgencia. De ese caos emergió ISIS, convertido luego en símbolo del terror contemporáneo.

En Palestina, el respaldo sistemático de Estados Unidos a Israel, incluyendo el uso del veto en la ONU, ha bloqueado cualquier intento efectivo de sanción internacional. Esta impunidad ha contribuido a un ciclo de violencia constante, radicalización y fortalecimiento de actores como Hamás.

En Siria, la intervención indirecta mediante el apoyo a grupos armados en la Guerra civil siria prolongó un conflicto devastador. El país quedó fragmentado, millones fueron desplazados y los grupos extremistas encontraron terreno fértil para expandirse.

El patrón se repite, intervenciones que destruyen instituciones, vacíos de poder que alimentan el caos y poblaciones atrapadas entre la violencia y el abandono. En el Líbano, la injerencia externa ha contribuido a una inestabilidad crónica, donde la población civil paga el precio de disputas ajenas.

El terrorismo moderno, no surge de la nada. Surge donde el Estado desaparece, donde la guerra se prolonga y donde el poder actúa sin límites. No es solo una amenaza que se combate, es también una consecuencia de decisiones geopolíticas. Al desmantelar Estados, financiar actores armados y priorizar intereses estratégicos sobre la estabilidad social, se han creado las condiciones ideales para su expansión.

Cuando el poder se ejerce sin límites, el resultado no es seguridad, sino más violencia. Y en ese ciclo, los que siempre pierden son los mismos, sociedades enteras condenadas a vivir entre el miedo, la destrucción y la incertidumbre.

Y en ese escenario, la conclusión es inevitable, no se puede combatir el terrorismo mientras se sigan creando las condiciones que lo hacen posible.

Porque cuando el caos se convierte en herramienta, el terror deja de ser una excepción. Se vuelve parte del sistema.