Por Doctor Ramón Ceballo
Quiero agradecer la oportunidad de compartir con ustedes algunas reflexiones sobre un tema que, durante mucho tiempo, ha permanecido en silencio en nuestra sociedad, pero cuyas consecuencias están presentes todos los días frente a nosotros: la salud mental.
La salud mental atraviesa todos los problemas humanos; es un eje transversal que influye en cada dimensión de la vida.
Cuando se menciona este tema, muchos lo asocian de inmediato con
hospitales psiquiátricos o con la intervención de psicólogos y psiquiatras.
No obstante, su alcance es mucho más amplio. Se trata de un estado de
bienestar emocional, psicológico y social que determina la manera en que
pensamos, sentimos y actuamos frente a las circunstancias cotidianas.
A pesar de su importancia, en el país aún persisten la desinformación y
el estigma, lo que dificulta su abordaje oportuno y efectivo, sigue siendo una
de las grandes deudas sociales en la República Dominicana.
Reconocer las señales de alerta no solo previene el agravamiento de los
trastornos, sino que también contribuye a romper el silencio que afecta a
numerosas familias. Muchas veces, el sufrimiento permanece oculto, sin espacios
para ser comprendido ni atendido.
En miles de hogares dominicanos, el malestar emocional suele disfrazarse
de “mal carácter”, agotamiento constante o simple presión diaria. Entretanto,
los signos se acumulan de forma silenciosa hasta que la crisis emerge de manera
abrupta y dolorosa.
Hablar abiertamente del tema y aprender a identificar sus primeras
manifestaciones ha dejado de ser una opción secundaria; hoy constituye una
urgencia social y sanitaria capaz de salvar vidas.
Este fenómeno no puede entenderse como un asunto individual. Se trata de
un desafío colectivo que exige atención, recursos y, sobre todo, humanidad.
Hablar de salud mental es hablar
también de seguridad vial, violencia social, educación, deserción escolar, productividad
laboral, estabilidad familiar, feminicidios y, en última instancia, del futuro
de nuestra nación.
Cuando una sociedad descuida la
salud mental, las consecuencias no aparecen únicamente en un consultorio
médico. Aparecen en las calles, en los hogares, en las escuelas, en los
tribunales y, lamentablemente, también en los cementerios.
En la República Dominicana,
el panorama en materia de salud mental plantea desafíos importantes.
Diversos estudios estiman que uno
de cada cinco dominicanos padece algún tipo de trastorno mental. Sin
embargo, menos del 1 % del presupuesto nacional de salud se destina a la
atención de la salud mental. Menos de 2 psiquiatras por cada 100 mil
habitantes, 476 Psicologos en el sistema público, la atención de consultas y tratamiento no esta incluida en la ley 87- 01.
Al mismo tiempo nuestro país,
registra más de 600 suicidios al año, además de presentar una de las
tasas más altas de muertes por accidentes de tránsito en el mundo, junto con
múltiples manifestaciones de violencia social y familiar.
Por eso es importante partir de una
idea central que resume gran parte de este problema:
Lo que no se
atiende en salud mental reaparece en violencia, accidentes, crimen, deserción
escolar, ausentismo laboral y colapso familiar.
La salud mental, por tanto, no es
un problema aislado del sector salud. Es un problema transversal que
atraviesa toda la estructura social de la sociedad.
Salud mental, conducta y riesgo
Uno de los espacios donde la salud
mental se manifiesta de forma más dramática es en la seguridad vial.
Cada año, en la República Dominicana
mueren más de 3,000 personas en accidentes de tránsito. Durante mucho
tiempo se pensó que estos accidentes se debían principalmente a fallas
mecánicas o a deficiencias en la infraestructura vial.
Sin embargo, investigaciones
recientes han demostrado que la mayoría de los accidentes no se produce por
fallas técnicas, sino por conductas humanas.
Y esas conductas humanas están
profundamente influenciadas por el estado emocional y psicológico de las
personas.
Entre los factores que con mayor
frecuencia intervienen en los accidentes de tránsito encontramos:
- el estrés crónico
- la impulsividad
- la fatiga mental
- el consumo de alcohol y otras
sustancias
- los trastornos de atención
- los problemas de sueño
Un conductor fatigado, ansioso o
emocionalmente alterado tiene una mayor probabilidad de tomar decisiones
impulsivas y riesgosas. Por eso debemos comprender una verdad fundamental:
El accidente no
empieza en la calle.
El accidente empieza en la mente.
La prevención de accidentes de
tránsito no depende únicamente de semáforos, carreteras o señalización. También
depende de conductores emocionalmente estables y mentalmente saludables.
Este es un tema que involucra a múltiples sectores profesionales: médicos, psicólogos, ingenieros viales, autoridades de tránsito y responsables de políticas públicas.
Salud mental y accidentes laborales
El impacto de la salud mental no se
limita al tránsito. También se refleja claramente en los espacios de trabajo.
En fábricas, oficinas, centros de
servicio y obras de construcción, miles de trabajadores realizan tareas que
requieren concentración, estabilidad emocional y claridad mental.
Sin embargo, cuando una persona
experimenta ansiedad, depresión o agotamiento emocional, su capacidad de
atención disminuye.
Cuando una
persona sufre:
- ansiedad
- depresión
- distracción persistente
- burnout o agotamiento laboral
Las probabilidades de cometer
errores aumentan significativamente.
Estos errores pueden traducirse en:
- lesiones laborales evitable
- daños materiales
- reducción de la productividad
- aumento de los costos
empresariales
Por esa razón, la salud mental no
debe considerarse únicamente como un asunto médico. También es un asunto
económico, organizacional y de seguridad laboral.
Las empresas que invierten en bienestar emocional de sus trabajadores no solo mejoran la calidad de vida de su personal, sino que también mejoran su rendimiento y su sostenibilidad económica.
Salud mental, violencia y crimen
Uno de los aspectos más dolorosos
del impacto de la salud mental se manifiesta en la violencia intrafamiliar.
En la sociedad dominicana seguimos
enfrentando situaciones graves de violencia dentro del hogar, incluyendo:
- feminicidios
- filicidios
- infanticidios
- violencia doméstica extrema
Detrás de muchos de estos hechos
aparecen factores psicológicos que nunca fueron diagnosticados ni tratados
oportunamente.
Entre ellos
encontramos:
- celos patológicos
- trastornos de personalidad
- depresión severa
- patrones de violencia aprendida
- consumo de alcohol y drogas
Comprender estos factores no
significa justificar la violencia.
Pero sí significa reconocer que muchos
episodios de violencia extrema tienen raíces emocionales profundas que nunca
fueron atendidas.
Por eso debemos aceptar una realidad
difícil, pero necesaria de reconocer:
La violencia
extrema suele ser la última fase de una enfermedad emocional ignorada.
Si queremos reducir la violencia social, debemos trabajar también en la prevención y el tratamiento temprano de los trastornos emocionales.
Trauma infantil y conducta antisocial
Numerosos estudios internacionales
muestran una relación directa entre trauma infantil y conducta antisocial en
la vida adulta.
Factores
como:
- el abandono
- la violencia doméstica
- la falta de apoyo emocional
- el maltrato infantil
pueden dejar huellas psicológicas
profundas en el desarrollo de una persona.
Muchos jóvenes que posteriormente se
involucran en conductas delictivas crecieron en entornos donde la violencia
era parte de la vida cotidiana.
Cuando un niño crece sin contención
emocional, sin apoyo familiar y sin intervención temprana, esas heridas emocionales
pueden manifestarse años más tarde en forma de:
- deserción escolar
- consumo de sustancias
- violencia social
- delincuencia
Por eso la salud mental debe
entenderse también como una herramienta de prevención social.
Invertir en salud mental infantil es, en realidad, invertir en seguridad ciudadana y en estabilidad social futura.
Salud mental, educación y futuro
Otro de los espacios donde se
refleja claramente el impacto de la salud mental es en el sistema educativo.
La educación dominicana enfrenta un
desafío importante: la deserción escolar.
Entre jóvenes de 15 a 17 años,
las tasas pueden alcanzar hasta un 25 %.
Frecuentemente se atribuye este
problema exclusivamente a factores económicos o sociales. Y ciertamente esos
factores influyen.
Pero detrás de muchos casos de
abandono escolar encontramos problemas emocionales profundos.
Entre ellos:
- ansiedad
- bullying o acoso escolar
- depresión adolescente
- violencia doméstica
- embarazo temprano
- abandono familiar
Un estudiante rara vez abandona la
escuela simplemente porque no quiere estudiar.
Muchas veces lo hace porque está
emocionalmente sobrecargado y no encuentra apoyo para manejar esa situación.
Por eso debemos comprender una idea
fundamental:
Un estudiante que abandona la escuela es, muchas veces, un joven que no encontró apoyo emocional cuando más lo necesitaba.
Suicidio y salud mental
Uno de los indicadores más dolorosos
de la crisis de salud mental es el suicidio.
En la República Dominicana más de
600 personas se quitan la vida cada año.
La mayoría de estos casos
corresponde a hombres jóvenes, y en muchos de ellos aparece un factor
común: depresión no tratada.
Tradicionalmente, el suicidio se
interpreta como una decisión individual. Sin embargo, cuando analizamos este fenómeno
con mayor profundidad, observamos que el suicidio revela fallas en múltiples
niveles del sistema social.
Fallas en la familia.
Fallas en el sistema de salud.
Fallas en la escuela.
Fallas en la comunidad.
Por eso es necesario afirmar con
claridad:
El suicidio no
es solamente una decisión individual.
El suicidio también es una falla del sistema de apoyo.
Cada suicidio representa una vida
que pudo haberse salvado si hubiera existido escucha, acompañamiento y
atención oportuna.
Impacto psicológico de las enfermedades catastróficas
Diversos estudios internacionales
indican que las personas con enfermedades graves presentan mayor riesgo de
desarrollar trastornos emocionales.
Investigaciones médicas señalan
que entre el 10 % y el 20 % de los pacientes con enfermedades crónicas:
1.
Insuficiencia renal crónica.
2.
Enfermedades
cardiovasculares,
3.
Cáncer,
4.
Diabetes
mellitus tipo 2,
5.
VIH/SIDA,
6.
Enfermedades
cerebrovasculares
desarrollan depresión, existe una estrecha relación entre el deterioro físico y el
bienestar emocional.
Alcohol, drogas y salud mental:
Uno de los factores más determinantes y a la
vez más invisibilizado en la crisis de salud mental es la estrecha relación con
el consumo de alcohol y drogas. Más allá de decisiones individuales, este
vínculo revela una realidad compleja en la que el sufrimiento emocional y el
uso de sustancias se entrelazan en un círculo difícil de romper.
En América Latina y el Caribe, el problema adquiere
una dimensión alarmante. Según la Organización Panamericana de la Salud, el
consumo de alcohol en la región es aproximadamente un 40 % más alto que el
promedio mundial, lo que evidencia patrones que incrementan el riesgo de
dependencia y trastornos mentales.
A nivel global, la Organización Mundial de la Salud estima que el alcohol causa alrededor de 2,6 millones de muertes cada año, lo que representa casi el 5 % de todas las defunciones.
Origen social de las
enfermedades mentales
Durante mucho
tiempo, las enfermedades mentales fueron entendidas como problemas
individuales, asociados exclusivamente a factores biológicos o psicológicos.
Sin embargo,
hoy existe un consenso creciente, las condiciones sociales influyen de manera
decisiva en su aparición.
La salud
mental ya no puede analizarse al margen del contexto social. Desde la Psiquiatría Social se ha demostrado que factores como la
pobreza, la exclusión y la violencia inciden directamente en el bienestar
psicológico de las personas.
En la
Republica dominicana, esta realidad se agrava por las brechas estructurales, aproximadamente
el 45% de la población se encuentra en situación de vulnerabilidad económica, con
17.3
% de la población en pobreza en 2025,
un factor estrechamente vinculado a trastornos como la Depresión y la ansiedad.
La pobreza no
solo implica carencias materiales, sino también una carga constante de emocional,
La violencia, El aislamiento social, la discriminación y la
exclusión social, El hacinamiento, la inseguridad y la falta de espacios
públicos adecuados.
Síntomas que sugieren la presencia de un trastorno de salud
1. Encerrarse, dejó la
universidad y dormía todo el día.
2.
El aislamiento social, la pérdida de interés por actividades
habituales y los cambios en el sueño
3.
La tristeza persistente, la irritabilidad constante o la
ansiedad excesiva suelen minimizarse
4.
Lloraba por cualquier cosa, se desesperaba, no podía dormir.
5.
Comentarios recurrentes sobre sentirse inútil, una carga o sin
esperanza deben tomarse en serio.
6.
Insomnio persistente, dormir en exceso, cambios bruscos en el
apetito y cansancio constante,
7.
Bajo rendimiento escolar, ausencias laborales frecuentes,
dificultad para concentrarse o tomar decisiones.
Propuestas
y llamado a la acción
Frente a este panorama, no basta con
identificar los problemas. Es necesario avanzar hacia soluciones concretas.
Entre las principales acciones que
pueden contribuir a mejorar la situación de la salud mental en nuestro país
podemos destacar:
Primero, Integración en atención primaria:
Integrar la salud mental (Psiquiatras,
Psicologos, trabajadores sociales) en la atención primaria de salud, de manera
que los servicios psicológicos y psiquiátricos estén disponibles en los centros
de atención básica.
Segundo, incorporar psicólogos en las escuelas públicas (para
facilitar la detección temprana de problemas emocionales en niños y
adolescentes. (Para prevenir violencia, detectar ansiedad y depresiones y
apoyar adolescentes)
Tercero, establecer evaluaciones psicológicas en licencias de
conducir de alto riesgo, especialmente para conductores de transporte público y
carga pesada.
Cuarto, desarrollar programas nacionales de prevención del
suicidio que incluyan líneas de apoyo, intervención comunitaria y campañas de
sensibilización.
Quinto, promover campañas de educación emocional (en escuelas, medios de comunicación y programas comunitarios) que enseñen a las personas a reconocer, comprender y manejar sus emociones.
Conclusión
La salud mental no es un lujo ni un
tema secundario.
Es una condición esencial para la
estabilidad de cualquier sociedad.
Si ignoramos la salud mental,
veremos sus consecuencias reflejadas en:
- violencia
- accidentes
- suicidios
- ausentismos laboral
- crimen
- fracaso escolar
- destrucción familiar
Pero si la atendemos con seriedad,
podremos prevenir una gran parte de estos problemas antes de que ocurran.
La salud mental no es
responsabilidad exclusiva de médicos o psicólogos.
Es responsabilidad de toda la
sociedad: de las familias, de las escuelas, de las instituciones, de las
empresas y del Estado.
Porque una nación que cuida la mente
de sus ciudadanos protege también su futuro.
Muchas gracias.
