Por Ramón Ceballo.
La historia, a menudo escrita con una pluma sesgada, ha guardado un silencio prolongado sobre las manos que sostuvieron la retaguardia y el frente de nuestra soberanía.
Hoy, no escribo de la mujer como una nota al pie de página de la Revolución de Abril de 1965; escribo de ellas como arquitectas de nuestra libertad.
En 1961, el presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, pronunció una frase que resonó en cada rincón del hemisferio: "No preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregunta qué puedes hacer tú por tu país".
Mientras esas palabras cruzaban el Caribe, en la República Dominicana una generación de mujeres ya estaba encarnando ese llamado con una profundidad absoluta.
Para las dominicanas de 1965, esa pregunta no era un ejercicio retórico; era una decisión de vida o muerte.
Ellas no esperaron a que la democracia les otorgara un permiso para participar; ellas se tomaron el derecho de salvar a la nación.
Cuando estalló la revuelta cívico-militar, la sociedad dominicana aún dictaba que el lugar de la mujer estaba en el hogar.
Sin embargo, ante la patria mancillada y la intervención extranjera, figuras como Piky Lora, Hilda Gautreaux y Aniana Vargas demostraron que el coraje no tiene género.
Estas mujeres no se preguntaron qué beneficios recibirían de un sistema político que históricamente las había invisibilizado.
Al contrario, se preguntaron qué sacrificio era necesario para devolverle al pueblo la dignidad constitucional.
• Vimos a Piky Lora, con la mirada firme, instruyendo a hombres y mujeres en el manejo de armas en los comandos de Ciudad Nueva.
• Vimos a Emma Tavárez Justo transformando la precariedad en esperanza, organizando hospitales de campaña donde el amor al prójimo era la única medicina disponible en abundancia.
La Logística de lo Invisible
A menudo se celebra la batalla estrepitosa, pero olvidamos la batalla silenciosa.
El "correaje" estratégico el transporte de municiones bajo las faldas, el cruce de mensajes vitales entre zonas sitiadas y la distribución de alimentos, fue la red que permitió que la resistencia no colapsara.
Las mujeres se convirtieron en el sistema circulatorio de la Revolución.
Si ellas hubieran preguntado "qué puede hacer mi país por mí", quizás habrían permanecido en la seguridad de sus casas.
Pero prefirieron actuar, exponiendo no solo sus vidas, sino la de sus familias, por un ideal de justicia que aún hoy nos cobija.
El Martirio como Testimonio
No podemos hablar de esta gesta sin mencionar la sangre derramada.
Yolanda Guzmán, sindicalista y mártir, fue la respuesta viva a la máxima de Kennedy.
Capturada y fusilada mientras cumplía con su deber patriótico, Yolanda no pidió garantías; ofreció su existencia misma.
Su sacrificio es el recordatorio de que la libertad dominicana tiene nombre de mujer.
Hoy, 61 años después, al mirar hacia atrás, entendemos que las Mujeres de Abril no solo luchaban por el retorno de un presidente o una constitución.
Luchaban por el derecho a ser consideradas ciudadanas plenas.
Que este artículo no sea solo un recuerdo, sino un compromiso.
Que cuando miremos los desafíos de nuestra democracia actual, emulemos a aquellas valientes que, sin dudarlo, comprendieron que la patria no es algo que se recibe, sino algo que se construye y se defiende.
Porque, como nos enseñaron las heroínas de 1965: Cuando la patria llama, no se pregunta qué va a darnos ella a nosotros, sino qué estamos dispuestos a entregar nosotros por ella.
