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lunes, 10 de agosto de 2026

El PRM y el costo de cerrar las puertas a su propia militancia

 

Por Doctor Ramón Ceballo

La decisión del Partido Revolucionario Moderno (PRM) de depositar ante la Junta Central Electoral un padrón de 1, 551,727 militantes, una reducción de aproximadamente un millón quinientos cuarenta mil afiliados con relación al padrón anterior, constituye una señal política que no puede pasar inadvertida.

Aunque la dirección del partido atribuye esta disminución a un proceso de depuración y verificación de datos, resulta difícil ignorar que detrás de esa cifra también existen factores políticos y organizativos que pudieron incidir en la escasa participación de miles de dirigentes en la validación del padrón.

Uno de esos factores fue la narrativa construida durante el período 2020-2024. Desde la dirección del partido se insistió en que muchas de las expectativas de la dirigencia no habían podido cumplirse debido a la pandemia de la COVID-19 y a las dificultades económicas derivadas de ella.

La militancia comprendió esa explicación y esperó con paciencia tiempos mejores. Sin embargo, superada esa etapa, las expectativas de mayor participación y reconocimiento no se materializaron.

Por el contrario, comenzó a fortalecerse la percepción de un progresivo debilitamiento de la democracia interna. Muchos dirigentes esperaban, la renovación de las estructuras partidarias, a través de procesos competitivos que les permitieran aspirar a posiciones de dirección dentro del partido.

En cambio, observaron cómo los acuerdos de consenso sustituían la competencia democrática y cómo las mismas estructuras permanecían inalterables desde el 2018 sin posibilidad de cambios. Cuando la militancia entiende que las oportunidades dependen más de decisiones previamente acordadas que del respaldo de las bases, el entusiasmo comienza a desaparecer.

A ello se sumó el descontento provocado por la limitada incorporación de la dirigencia al aparato estatal. Miles de hombres y mujeres que trabajaron durante años para llevar al PRM al poder esperaban participar en la gestión pública. Sin embargo, una parte importante quedó al margen, mientras numerosos cargos fueron ocupados por técnicos independientes o por personas provenientes de otras organizaciones políticas.

El malestar aumentó cuando muchos de esos funcionarios, ajenos a la historia del partido, asumieron posiciones de dirección sin establecer vínculos con la militancia. En no pocos casos surgieron denuncias sobre cancelaciones de empleados identificados con el PRM, incluso realizadas por funcionarios del propio partido, para sustituirlos por amigos, allegados o miembros de sus equipos personales.

Paralelamente, comenzaron a consolidarse grupos internos alrededor de determinados liderazgos, privilegiando a quienes respondían a esos grupos y desplazando a dirigentes con años de trabajo partidario. Esa práctica debilitó la institucionalidad, fomentó el clientelismo interno y profundizó el sentimiento de exclusión de amplios sectores de la organización.

Como resultado, las estructuras territoriales fueron perdiendo dinamismo y muchos dirigentes dejaron de participar activamente en la vida partidaria. En ese contexto, no sorprende que miles de militantes decidieran no acudir al proceso de verificación del padrón.

Más que una simple omisión administrativa, esa ausencia puede interpretarse como una manifestación de desencanto frente a un modelo organizativo que muchos consideran cada vez más distante de los principios democráticos que dieron origen al PRM.

La reducción del padrón debe ser entendida como una oportunidad para la reflexión. Si el PRM aspira a preservar su fortaleza política, deberá reencontrarse con su militancia, fortalecer la democracia interna, valorar el mérito por encima de las lealtades circunstanciales y devolver a sus dirigentes la confianza de que el trabajo, el compromiso y la participación siguen siendo los verdaderos caminos para construir liderazgo y garantizar el futuro de la organización.