El éxito de los últimos presidentes que hemos tenido no es únicamente político, pero tampoco puede
atribuirse exclusivamente al marketing digital. La estrategia de
comunicación en redes sociales fue un componente decisivo para convertir su
discurso político en un fenómeno de alcance masivo.
El elemento más importante de la estrategia ha sido la construcción de una identidad política fácilmente reconocible. Un personaje disruptivo, confrontativo y polarizante, acompañado de consignas simples y repetibles. Necesitamos un mensaje que encuentre en TikTok, Instagram, YouTube y otras plataformas un espacio ideal para multiplicarse.
El
marketing digital ha funcionado porque ha existido un
contexto político y social favorable: descontento con los partidos
tradicionales, con el liderazgo tradicional, inflación, deterioro económico,
pérdida de confianza en las instituciones y una parte importante del electorado
dispuesta a escuchar una propuesta diferente.
Por
eso, la tesis más sólida sería:
No han llegado al poder solamente
por las redes sociales; llegaron porque convirtieron el descontento social en
un relato político y utilizaron las redes sociales para amplificarlo,
personalizarlo y hacerlo viral.
Esto tiene especial importancia para el análisis de la nueva comunicación política que venimos
trabajando en el ensayo. Las plataformas digitales no sustituyen necesariamente
a la organización política, pero han cambiado profundamente la manera de
construir liderazgo, posicionar candidatos y establecer vínculos con los
electores.
Y aquí aparece una idea que puede
ser muy valiosa para el capítulo sobre Representación
Local, Liderazgo y Nuevos Horizontes: la política ya no compite solamente por votos; compite primero
por atención.
Quien consigue captar esa
atención puede instalar una agenda, construir una identidad y convertir un
mensaje en conversación social.