Por Doctor Ramón Ceballo
Durante mucho tiempo se consideró
que los trastornos de personalidad eran condiciones prácticamente permanentes,
difíciles de modificar y con escasas posibilidades de recuperación.
La evidencia científica actual ofrece una
perspectiva diferente. Los trastornos de personalidad, los cuales se agrupan tradicionalmente en
tres grandes grupos. Extraños o excéntricos, dramáticos, y emocionales o impulsivos, ansiosos o
temerosos, pueden tratarse y muchas personas logran una mejoría sustancial,
aunque recuperación no significa necesariamente que desaparezcan todos los
rasgos de personalidad.
Los trastornos de personalidad comprenden patrones persistentes de pensamiento, emociones y conductas que afectan la manera en que una persona se relaciona consigo misma, con los demás y con su entorno. Pueden generar dificultades importantes en las relaciones familiares, laborales y sociales. Sin embargo, su evolución no es necesariamente estática.
Una de las evidencias más
importantes procede del seguimiento prospectivo de 24 años realizado por
Zanarini y colaboradores. En pacientes con trastorno límite de la personalidad,
la remisión sintomática sostenida alcanzó entre 77 % y 100 %,
dependiendo del período de remisión considerado.
Sin embargo, la recuperación, que
además exige un funcionamiento social y laboral adecuado, fue menor, entre 37 %
y 60 %. En otros trastornos de personalidad, la remisión alcanzó entre 97 % y
100 %, mientras que la recuperación osciló entre 68 % y 89 %.
Estos resultados permiten distinguir
dos conceptos fundamentales. Remisión significa que los síntomas dejan
de cumplir determinados criterios clínicos durante un período establecido.
Recuperación es un concepto más amplio:
implica, además, alcanzar un funcionamiento satisfactorio en diferentes áreas
de la vida. Por eso, una persona puede experimentar una importante reducción de
sus síntomas y todavía necesitar apoyo para consolidar su vida familiar,
laboral o social.
La
psicoterapia es fundamental
El tratamiento depende del
trastorno, su gravedad y las características de cada paciente. La psicoterapia
ocupa un lugar central. En el trastorno límite de personalidad, por ejemplo, se
utilizan intervenciones estructuradas como la terapia dialéctico-conductual
y otras modalidades psicoterapéuticas especializadas.
Las guías clínicas recomiendan
tratamientos organizados y suficientemente prolongados, adaptados a las
necesidades y preferencias del paciente.
Los medicamentos tienen un papel
diferente. No existe una medicación que, por sí misma, cure un trastorno de
personalidad. Pueden utilizarse para determinadas enfermedades asociadas,
como depresión, ansiedad o problemas relacionados con el consumo de sustancias.
En el trastorno límite, NICE
desaconseja utilizar medicamentos específicamente para tratar el trastorno o
sus síntomas individuales.
La actualización de 2024 de la
Asociación Americana de Psiquiatría también subraya que el trastorno límite
puede remitir y que sus síntomas pueden reducirse y manejarse mediante
tratamientos basados en evidencia.
La conclusión más importante es que un
diagnóstico de trastorno de personalidad no debe convertirse en una etiqueta de
desesperanza. El pronóstico depende del trastorno, la gravedad, las
condiciones asociadas, el apoyo disponible y la continuidad del tratamiento.
La recuperación puede ser gradual y
no siempre lineal: pueden existir períodos de mejoría, recaídas y nuevas etapas
de adaptación. Por eso, el objetivo no debe ser únicamente eliminar síntomas,
sino ayudar a la persona a desarrollar mayor estabilidad emocional, relaciones
saludables, capacidad de afrontar conflictos y un funcionamiento satisfactorio.
La evidencia contemporánea permite
sustituir una antigua idea, los trastornos de personalidad son incurables, por
otra mucho más rigurosa y humana, pueden ser persistentes y complejos, pero
también pueden cambiar.
La
recuperación es posible.
