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sábado, 7 de noviembre de 2026

El trumpismo atraviesa una crisis: sus aliados pierden poder y enfrentan dificultades de gobernabilidad

 

Por Dr. Ramón Ceballo

Las derrotas electorales de dirigentes aliados, la pérdida de espacios de poder y las crisis de gobernabilidad que afectan a varios gobiernos identificados con Donald Trump reflejan los límites de un modelo político sustentado en la confrontación y la polarización.

El trumpismo atraviesa así una crisis de proyección internacional. Su influencia encuentra cada vez más resistencias en distintas regiones, aunque esto no significa que haya desaparecido ni que haya perdido toda su capacidad de movilización. 

Lo que está en cuestión es la sostenibilidad de una forma de ejercer el poder basada en el enfrentamiento permanente, la lealtad ideológica y la dificultad para construir consensos.

La influencia de Trump ha trascendido las fronteras estadounidenses. Dirigentes de América Latina y Europa han adoptado buena parte de su discurso y su estilo de liderazgo. Sin embargo, la identificación con el presidente estadounidense no garantiza estabilidad ni capacidad para gobernar.

Cuando la confrontación sustituye el diálogo, se debilitan las relaciones con la oposición, se dificultan los acuerdos parlamentarios y se compromete la gestión pública.

En América Latina, Paraguay ofrece un caso significativo. Santiago Peña, una de las figuras más identificadas con Trump en la región, salió de la Presidencia después del colapso de Ueno Bank, que desencadenó una crisis financiera y política.

Las investigaciones sobre presuntas irregularidades y el uso de influencias políticas agravaron la situación. Aunque el origen inmediato de su caída fue la crisis bancaria, su destitución representa también un revés para uno de los aliados importantes del trumpismo en el continente.

Bolivia constituye otro escenario de preocupación. El gobierno de Rodrigo Paz enfrenta protestas, presiones económicas y dificultades institucionales que han puesto en discusión su estabilidad. Su orientación favorable a Washington no ha evitado una crisis de gobernabilidad que también tiene implicaciones para la estrategia regional de la Administración Trump.

En Ecuador, Daniel Noboa mantiene una estrecha cooperación con Estados Unidos en seguridad y lucha contra el narcotráfico. Sin embargo, su administración enfrenta cuestionamientos por el manejo de las protestas sociales, las tensiones con la oposición y las preocupaciones sobre la independencia institucional y los derechos humanos.

Chile aporta otro ejemplo. José Antonio Kast atraviesa una de las mayores crisis de sus primeros meses de gobierno, después de que su Ministerio de Justicia concediera rebajas de condenas a 56 personas sentenciadas por delitos sexuales contra menores.

La decisión provocó indignación pública, tensiones dentro del oficialismo y un descenso significativo de su aprobación. El episodio ha puesto de manifiesto las dificultades del Ejecutivo para gestionar la controversia y mantener cohesionada su propia coalición

En Puerto Rico, la gobernadora Jenniffer González enfrenta una crisis administrativa por denuncias de corrupción, conflictos de interés e interferencias en procesos de contratación pública. Las renuncias de funcionarios y las investigaciones han extendido los cuestionamientos sobre su administración.

Colombia merece una consideración especial. El presidente Abelardo de la Espriella recibió el respaldo público de Trump durante su campaña y ha convertido la relación con Washington en uno de los ejes de su política exterior. Su gobierno se ha presentado como un promotor de la agenda regional estadounidense en seguridad y cooperación.

Sin embargo, el nuevo control demócrata del Congreso de Estados Unidos obliga a Bogotá a relacionarse también con fuerzas políticas que no comparten esa orientación. Es una advertencia sobre los riesgos de apostar la política exterior a la afinidad con un solo liderazgo.

En Europa, la derrota de Viktor Orbán en Hungría y los reveses de fuerzas nacionalistas en Serbia, Rumanía y Portugal se suman al desgaste internacional de los movimientos populistas de derecha. No obstante, estas corrientes conservan presencia y capacidad electoral, como demuestra la posición que mantiene la derecha nacionalista francesa.

Dos acontecimientos tienen especial significado. La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva frente a Flávio Bolsonaro en Brasil y la derrota republicana en las elecciones de medio término de Estados Unidos, donde los demócratas conquistaron el control de ambas cámaras del Congreso.

 Ambos resultados constituyen límites electorales a la expansión del proyecto político de Trump y debilitan a sectores que habían encontrado en él su principal referente.

El trumpismo continúa siendo una fuerza política relevante, pero atraviesa una crisis de proyección internacional. La confrontación puede movilizar seguidores y conquistar espacios de poder; no garantiza, sin embargo, estabilidad, acuerdos ni resultados.

Los acontecimientos recientes muestran que sus aliados también deben responder ante sus sociedades por la gestión de sus gobiernos. La crisis no es necesariamente el final de ese modelo, pero sí una señal de que la política basada en la confrontación permanente encuentra límites cuando llega la hora de gobernar.