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viernes, 19 de septiembre de 2025

La violencia en las calles no es falta de normas, sino el reflejo de emociones contenidas


Por Doctor Ramon Ceballo

La creciente agresividad que se observa en calles, espacios públicos y situaciones cotidianas no puede atribuirse únicamente a la inseguridad o al debilitamiento del control social. En muchos casos, esta hostilidad refleja una problemática más profunda y menos visible, es el deterioro de la salud mental en una parte significativa de la población.

A diario somos testigos de discusiones en el tránsito, enfrentamientos en filas o establecimientos, y reacciones desproporcionadas ante incidentes menores. Si bien a menudo se señalan causas como la falta de educación, lo cierto es que muchas de estas conductas son manifestaciones de trastornos psicológicos no diagnosticados o mal gestionados.

Numerosas investigaciones han demostrado la relación entre trastornos mentales no tratados y la aparición de comportamientos violentos, tanto hacia otros como hacia uno mismo. Este vínculo se ha documentado especialmente en condiciones como la depresión severa, los trastornos psicóticos, el trastorno bipolar o diversas formas de trastornos de personalidad.

Las calles están pobladas por personas que, muchas veces sin saberlo, lidian con síntomas como irritabilidad constante, aislamiento emocional, desesperanza profunda, delirios de persecución o distorsiones de la realidad. A ello se suman episodios de euforia desmedida, juicio alterado, baja tolerancia a la frustración, crisis acumuladas, y dificultades en la regulación de emociones.

Este conjunto de factores, cuando no es identificado ni tratado a tiempo,  aumenta el riesgo de respuestas impulsivas, defensivas o agresivas, que terminan expresándose como violencia verbal, física o simbólica en espacios públicos.

Lo que ocurre en las calles muchas veces no es solo falta de normas o de autoridad, sino el reflejo de emociones contenidas, traumas no tratados y desequilibrios psíquicos no atendidos.